miércoles, 11 de marzo de 2009

1958. Cita Dadá Zen

Cuchillos, tenedores y ruidos de la calle
Cuando John Cage imagina un diálogo con Satie...

¿No es una cuestión de voluntad —ésta, quiero decir, la de prestar atención a los ruidos de los cuchillos y de los tenedores, a los ruidos de la calle— dejarlos entrar? (Si lo prefiere, llame a eso banda magnética, música concreta, música mueble. Todo es lo mismo: trabajar en relación a la totalidad, y no sólo de acuerdo a las convenciones discretamente seleccionadas).

¿Por qué es necesario prestar atención a los ruidos de los cuchillos y de los tenedores? - le pregunta Satie- Tiene razón. Si no fuera así, la música debería tener muros para defenderse, muros que no sólo necesitarían reparaciones constantes, sino que sería necesario franquear, convocando al desastre, aunque no fuera más que para ir a buscar agua para calmar la sed. Se trata, evidentemente, de que las cosas que se tenía previsto hacer se pongan en relación con las cosas del entorno que no estaban previstas. El mínimo común denominador es cero, donde el corazón late (nadie hace circular su sangre conscientemente)».

Cita tomada de la colección de textos de John Cage, Silence (Denoël, 1961, 1970) y, más concretamente, del texto Erik Satie, que Cage mismo presenta así: «El texto que sigue apareció por primera vez en la Art News Annual de 1958. Se trata de una conversación imaginaria entre Satie y yo mismo. Puesto que Satie murió hace treinta años, no podemos ni él ni yo oír lo que el otro dice. Sus intervenciones están construidas con palabras que le prestó y de extractos de sus escritos».

(Todo el texto y la aclaración esta sacado del libro TECNO REBELDE, Un siglo de músicas electrónicas; de Ariel Kyrou, Creative Comons. El libro está disponible ne la red para la libre descarga de este, deseo expreso el autor).

http://www.youtube.com/watch?v=SSulycqZH-U
(LëPask)

lunes, 23 de febrero de 2009

Fanzine 0#

Porque te queremos. Porque deseamos compartir y que compartas. Que te expreses, que sepas de qué estás hablando. Porque hemos trazado un mapa partiendo de todos los textos, fanzines y manifiestos que hemos leído. Porque te hemos pogueado y filosofeado a altas horas. Por que nos gustan las golosinas y los clásicos literarios underground.

Porque hemos escrito cartas de amor a amores platónicos, que pensaban que nuestra frase más sentida nos hacía estúpidos y ridículos (y lo reconocemos, pero ¡cómo palpitábamos al escribirla!). Porque apostamos y dejamos que la fortuna decida, guiada por el viento. Porque queremos amor, sexo casual y establecido, pero siempre apasionado. Porque queremos charlar y besar, entre café y café.

Porque odiamos la lista de éxitos, pero adoramos a los que gritan y tocan tres acordes. Porque detestamos a los vulgares y a los ignorantes, porque nos creemos ilustrados, pero somos más vulgares e ignorantes que tú (¡pero disimulamos!). Porque somos jovenes. Porque nos hemos gastado dinero aunque no vayamos a ganar nada (que nos leas, aunque no valgamos la pena). Porque nos aferramos a lo efímero, porque esto contiene el secreto de la vida eterna (siempre adolescentes). Porque maduramos, pero conservamos la actitud y el entusiasmo (¡mucha actitud!).

Por eso, hemos cogido el blog y hemos conseguido que lo toques, que lo huelas, que lo tires y que lo utilices de posavasos. Para que lo fotocopies, lo regales, y sobre todo para que lo conserves acumulando polvo, y lo descubras años después y sonrías. Te lo regalamos. La mediterránea: Recetas y situación #0.


Descargartelo

miércoles, 18 de febrero de 2009

3 razones por las que nunca sería hippie

Divagando por internete encontré la versión digital del libro Secreto a voces (Ken Knabb, Madrid 2001), y llamó mi atención una extensión titulada: La miseria de la vida hippie. He copiado fragmentos que me agradaron especialmente y que son bastante interesantes (no risas).

1. Los valores que antiguamente aseguraban la organización de la apariencia han perdido su poder; la moral, la familia, el patriotismo y demás caen como un lastre. Los viejos valores y mistificaciones ya no pueden compensar el sacrificio de experiencia auténtica que exigen. Comerciantes, profesores, trabajadores humildes, playboys, amas de casa... ¿quién puede tomarlos ya en serio? Los héroes y los ídolos dominantes caen en el ridículo. Toda falsificación se encuentra en crisis. Esta desintegración de valores abre un vacío positivo en el que resulta posible la experimentación libre. Pero si ésta no se opone conscientemente a todos los mecanismos del poder, llenan el vacío nuevas ilusiones en el momento crítico en que todos los valores son absorbidos en el vortex. El poder aborrece el vacío.

2. La insatisfacción hippie, su disociación de los viejos estereotipos, ha desembocado en la fabricación y adopción de otros nuevos. El estilo de vida hippie crea y consume nuevos roles — gurú, artesano, rock star —, nuevos valores abstractos — amor universal, espontaneidad, franqueza — y nuevas mistificaciones de consolación — pacifismo, budismo, astrología... — residuos culturales del pasado restituidos en los escaparates para el consumo. Las innovaciones fragmentarias de los hippies, que ellos vivieron como si fuesen totales, sólo han revitalizado el espectáculo. En lugar de luchar por una vida auténtica, el hippie asume una representación abstracta, una imagen de esa vida, y presenta su cambio de apariencia como un cambio real. La gravedad moral que atribuye a su estilo de vida da la medida de su dependencia de la nueva imagen. Como la proliferación de estilos de vida se desarrolla en paralelo a la decadencia de los valores, la medida del valor se descompone en el sentido de escoger toda una seudo-vida entre los estilos del mercado.


3. Discos, posters, pantalones de campana: unas cuantas mercancías te hacen hip. Cuando se acusa al “capitalismo hip” de “saquear nuestra cultura” se olvida que los antiguos héroes culturales (Timothy Leary, Allen Ginsberg, Alan Watts...) promovieron el nuevo estilo de vida desde el emporio del consumo cultural. Combinando su propio fetichismo cultural con la falsa promesa de vida auténtica, estos hombres anuncio del nuevo estilo, engendraron un vínculo casi mesiánico con la causa. “Enrollaron” simultáneamente a la juventud con una nueva familia de valores y con la familia de bienes correspondiente. “Enrollarse” significaba al mismo tiempo consumir drogas y comprar acríticamente toda una Weltanschauung. La diferencia entre el hippie “real” y el hippie “de pacotilla” reside en que las ilusiones del primero son más profundas, asume las mistificaciones en estado puro y de forma orgánica, mientras que el segundo las compra empaquetadas: la astrología en un póster, la libertad natural en sus pantalones de campana, el taoísmo de los Beatles... Mientras que el hippie real puede haber leído y contribuído al desarrollo de la ideología hip, el hippie de pacotilla compra mercancías que la incorporan. Identificadas con objetos en la realidad jerárquica del espectáculo, las cualidades humanas (espontaneidad, autorrealización, comunidad...) se convierten en ideales para consumir, precisamente porque son lo que le falta a la realidad y porque la ilusión de autenticidad se hace necesaria para la vida inauténtica. Así como el horizonte religioso fue la organización superviviente que los milenaristas no supieron superar a la hora de crear su estilo de vida, el estilo de vida hip reproduce el consumismo al que cree oponerse.

(Santi)- extraído de "bureau of public secrets".

martes, 17 de febrero de 2009

ejercicio letrístico: Contrabajo

Un verano de esos que parecen no tener fin, me encontré con que tenía la casa sola para mí durante dos meses. Como era joven y no tenía preocupaciones, me dedicaba a invitar a todo el que quisiera matar el tiempo conmigo. De día, tras la hora del almuerzo, me invadían las amistades (y las amistades de éstas). Y por la noche, remataba el tiempo entre el humo y la televisión.

Y mira que casualidad que a las horas en las que me podía sentar a prestar atención a la caja tonta, ¡emitían, felizmente para mi, conciertos de Jazz! Además, en esas mismas fechas la temporada de improvisación estaba caliente en un conocido garito cerca de mi hogar. Me di de narices con todo un mundo nuevo, yo, que presumía de melómano. Como resultado, al acabar el hechizo veraniego, me pillé un contrabajo.

Mi maestro, que heredó el instrumento a su vez del suyo, me lo vendió a mí. Estaba un poco echo polvo, pero sonaba, y su alma (costados) intacta. Las notas, basadas en una técnica que prácticamente había inventado, salían tímidamente al principio desde el centro de la espiral (que parecía una metáfora física de la música), hasta su panza; y a mis oídos, para alivio de mis muñecas, que se sentían recompensadas por el esfuerzo.

Resultados: Disciplina que se rompe, paciencia que se acaba, concentración… Es como un amor platónico al que siempre das otra oportunidad, y cada vez conoces algo más que no sabías. Otras veces es sólo un armario que ocupa espacio. No importa. Por que no hay ninguna razón para seguir con é, ni para tocarlo. Por eso lo hago.
(LëPask)

miércoles, 11 de febrero de 2009

Doubtful- tv or not tv

Aunque ya hace 2 años casi de su presentación, y previo a que saquen su nuevo disco, queremos hablar hoy de Tv or not tv, el último de los doubtful. Para ello hemos pensado en someter a Iván Navarro (Doubtful) a un complejo psicho análisis mediterráneo para conocerles mejor. No nos encontramos ante la banda más shoegaze o punk del estado, pero nos encanta como combinan sensibilidad y rabia para conseguir un resultado exquisito. Algo está pasando en Pamplona.

- Bandas referentes:
Jimi Hendrix (Axis bold as love), Aina (Aina), Oasis (What´s the story Morning Glory?), Pearl Jam (Vs), ACDC (Back in black), The Doors (L.A. woman), Let´s active (Cypress/Afoot), Sugar (Copper blue).

- Escritores recomendados:
Eduardo Mendoza, o cómo reirte durante horas sin parar con superhéroes patéticos comiendo bocatas de calamares encebollados. Kurt Vonnegut, o la ciencia ficción convertida en comprensión enternecedora de la humanidad entera.

- Consejo gastronómico:
Chuletón tierno con cantidades ingentes de Jack Daniels de la tierra de Kentucky. Pimientos en todas sus variantes y colores. Vino del que sube los colores. Sushi. Menús del Frescco para superar las resacas.

- Un lugar del mediterráneo
Como hombres del Norte nuestro acercamiento es eminentemente a playas del Cantábrico, de ésas en las que cuesta media hora sumergirte hasta el ombligo al tiempo que de tu glotis salen frecuencias dignas de la mismísima Mónica Naranjo. Por lo tanto, nos resultará complicado igualar nuestro conocimiento remitiendo a algún lugar de la costa mediterránea. Pongamos.. ¿una calita de Begur?.

Myspace Doubtful (Santi)

lunes, 9 de febrero de 2009

Rock from "Windy City"

Esteve Albini es bueno, muy bueno. No sólo por haberse convertido en uno de los máximos gurús en la producción y por estar tras los mandos de obras tan legendarias como Surfer Rosa de Pixies o In Utero de Nirvana, o por haber sido miembro de numerosas formaciones de la escena underground (Big Black, Rapeman..), sino sobre todo por habernos regalado a los oídos con su increíble banda Shellac.

Los de Chicago han creado un estilo único y personal, donde bajo, batería y guitarra se transforman en una maquinaria de exploración musical sin limitaciones , convirtiendo todos sus discos en ejercicios de libertad y de auténtica creatividad en la gestación de texturas.

Trabajos como “At action park”, “Terraform” o “1000 hurts” son enérgicos artefactos sonoros manufacturados de una forma vertiginosa y a veces incluso delirante, siempre sorprendentes en su concepto de ataque directo a las estructuras clásicas y los canones del rock de manual.

Os recomendamos desde la Mediterránea que degustéis su música como si se tratase de una de esas recetas cosmopolitas que fascinan a Albini, saboreando cada acorde y sonriendo ante cada sabor que estalle en vuestras papilas gustativas.

viernes, 6 de febrero de 2009

Las ciudades eléctricas y los impulsos eléctricos (con banda sonora)

Hoy os quiero hablar de Sogo Ishii. Y hablar de este personaje es algo serio, porque es el único director de cine diría yo que se ha atrevido (o a sabido) crear películas Punk. Parece una afirmación de lo más banal e incluso rebundante, pero es correcta. Quiero decir, el Punk es muchas cosas. Lo sabes o no lo sabes.

Fijaos por ejemplo en una película como Burst City (Bakuretsu toshii, 1982). Casi no hay diálogos, excepto para exabruptos y conspiraciones paranoicas. En las coreografías musicales (The Stalin, The eRockers) los papeles son muy claros: Los Mods desfilan, Los Rockers se lucen, los Punks sufren descargas eléctricas. Crestudos Vs. Yakuzas en una distopía suburbana. Mi parte favorita es cuando una banda que está en mitad de actuación es atacada por una banda rival, ¡para robarles los instrumentos y la actuación!

Bueno, el estilo…es anárquico. No es cámara en mano, no es la iluminación…sencillamente nos sumergimos en un universo particular, que se mueve y suda, está en ruinas pero rebosa actividad frenética, y es fea y huele que apesta. Ciudad ardiente, luchando por un territorio devastado, la alucinación de un motorista que se dirige a toda velocidad al centro de esta. No hay reglas. Los Punks insultan, saltan y destrozan cosas, y no saben tocar, sino pelear contra (y con) los instrumentos. Y gritan. Gritan todo el tiempo, sin parar.

Y ahora, con el nuevo siglo, Sogo ha pillado el mensaje. Me refiero que ha seguido al mensaje, lo ha estudiado, lo ha pillado y se lo ha comido y escupido con Electric Dragon 80000 V. (2001). Da igual que sea ficción. Es….la calle, es de nuevo la ciudad. Gris, con cloacas. Con callejones, con cables de alta tensión. Con números y maquinas, y polución acústica y humo, y ruido (y Noise), y no puedes escapar, te engulle. Hormigas aisladas del exterior, ciudadanos ordenados en archivos verticales de viviendas, todas iguales y todas un poco distintas.

La cámara ahora es el hocico de un perro, husmeando las esquinas, las calles oscuras, los charcos, rendijas y grietas. Nos pinchamos electricidad, somos yonkis de la tecnología y al final nos quedamos como lagartos. Y “Eye” Morrison los busca. Estan por todas partes. Mientras tanto, Electric Bhudda recoge recoge longitudes de onda desde los tejados, buscando alguien que posea los voltios de un rayo….verla para creerla. La banda sonora y los efectos de sonido son la guinda. En esta película a un ritmo constante, hay pulsaciones, estamos en las arterias de la metroplex, escuchando su corazón.

Vedlas sin complejos, con cascos, cuando estéis sólos. Podéis aprovechar los ratos que utilizáis para escuchar música, esos en los que prestáis atención completa. No notareis la diferencia. (LëPask)